Cuando uno está en el extranjero suele ser un poco más estúpido que en la nación propia, más cuando se está sólo, más cuando se tiene veinte años, y mucho más, cuando se está viviendo con otros tres paisanos que están pasando por los mismos momentos de efervescencia y calor que uno.
Llevábamos dos semanas de estar en el hotel, nuestros días se iban entre hablar banalidades, ver televisión y practicar para la prueba de natación que todos teníamos que aprobar para obtener el anhelado cargo de lifeguard. (anhelado hasta después de la segunda semana de trabajo).
Con nosotros había un grupo de unos veinte brasileros, de los cuales había un número grande que no había pasado la prueba, entre ellos Danielle. Una chica de unos 22 años, a quien a pesar de no tener una cara tan agraciada, le favorecía tener las curvas bien puestas en si sitio, y sobre todo, le favorecía a nuestros ojos, el hecho de ser la mujer más atractiva de las que nos dirigían la palabra. (cosa que en realidad no le favorecía mucho a ella, pero pues que se le va a hacer).
Ella nos dijo, con su ingles medio chapoteado entre un portugués incomprensible, que prefería irse a seguir intentando pasar la prueba. Nosotros, como buenos Colombianos, con nuestro ingles medio chapoteado entre un español incomprensible. Le tratamos de meter mil y un cuentos para que se quedara. Por que muy en el fondo (bueno, no tanto), teníamos la esperanza de que se fijara en uno de nosotros, y con ellocoronar tener un affair bello idilio en otro país con una extranjera. (que anhelos tan pendejos los de uno ¿no?).
Cuando esto no funcionó, decidimos llevar a cabo en plan B. Así que fuimos a Wallmart, compramos dos packs de cervezas entre todos y las metimos clandestinamente al cuarto del hotel, con todo listo para organizarle una gran despedida, salvo por un pequeño detalle: que olvidamos invitarla...
El tiempo se nos fue entre cervezas, conversaciones perras y música muy colombiana, como la de J Balvin, Jorge Celedón, Dragón y Caballero...
A eso de las 10PM llamaron a la puerta, era Danielle, con cara de “chicos, uds han sido muy buenos conmigo, los extrañaré” (Sobra decir, que Danelle es de las mujeres más ingenuas que he conocido en mi vida). Dejamos todo lo importante que estuviéramos haciendo y bajamos con ella hasta el Front Desk para ayudarla con el equipaje hasta el taxi.
Pero ¡oh sorpresa!, cuando iba a reclamar el depósito, el Mánager del Hotel sacó una cláusula chimbísima en la que decía que básicamente, el se quedaba con ese dinero por que ella no había avisado que se iba dos semanas antes. Y ahí fue el circo.
¿Que pasó con Danielle?¿Le devolverán su depósito?¿Alguno de los atolondrados pero calenturientos colombianos logrará tener suaffair idilio con la bella brasileña?¿por qué cuando el amor llega así de esta manera uno no se da ni cuenta?. Todo esto lo sabrán en el episodio segundo de la despedida de Danielle.
Llevábamos dos semanas de estar en el hotel, nuestros días se iban entre hablar banalidades, ver televisión y practicar para la prueba de natación que todos teníamos que aprobar para obtener el anhelado cargo de lifeguard. (anhelado hasta después de la segunda semana de trabajo).
Con nosotros había un grupo de unos veinte brasileros, de los cuales había un número grande que no había pasado la prueba, entre ellos Danielle. Una chica de unos 22 años, a quien a pesar de no tener una cara tan agraciada, le favorecía tener las curvas bien puestas en si sitio, y sobre todo, le favorecía a nuestros ojos, el hecho de ser la mujer más atractiva de las que nos dirigían la palabra. (cosa que en realidad no le favorecía mucho a ella, pero pues que se le va a hacer).
Ella nos dijo, con su ingles medio chapoteado entre un portugués incomprensible, que prefería irse a seguir intentando pasar la prueba. Nosotros, como buenos Colombianos, con nuestro ingles medio chapoteado entre un español incomprensible. Le tratamos de meter mil y un cuentos para que se quedara. Por que muy en el fondo (bueno, no tanto), teníamos la esperanza de que se fijara en uno de nosotros, y con ello
Cuando esto no funcionó, decidimos llevar a cabo en plan B. Así que fuimos a Wallmart, compramos dos packs de cervezas entre todos y las metimos clandestinamente al cuarto del hotel, con todo listo para organizarle una gran despedida, salvo por un pequeño detalle: que olvidamos invitarla...
El tiempo se nos fue entre cervezas, conversaciones perras y música muy colombiana, como la de J Balvin, Jorge Celedón, Dragón y Caballero...
A eso de las 10PM llamaron a la puerta, era Danielle, con cara de “chicos, uds han sido muy buenos conmigo, los extrañaré” (Sobra decir, que Danelle es de las mujeres más ingenuas que he conocido en mi vida). Dejamos todo lo importante que estuviéramos haciendo y bajamos con ella hasta el Front Desk para ayudarla con el equipaje hasta el taxi.
Pero ¡oh sorpresa!, cuando iba a reclamar el depósito, el Mánager del Hotel sacó una cláusula chimbísima en la que decía que básicamente, el se quedaba con ese dinero por que ella no había avisado que se iba dos semanas antes. Y ahí fue el circo.
¿Que pasó con Danielle?¿Le devolverán su depósito?¿Alguno de los atolondrados pero calenturientos colombianos logrará tener su
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