domingo 14 de noviembre de 2010

La Despedida de Danielle (episodio segundo)

Cuando, Danielle, la sexy amiga del protagonista de esta historia, iba a reclamar el depósito que dejó para quedarse en el hotel, el Mánager sacó una cláusula en la que decía que él se podía quedar con ese dinero por que ella no había avisado que se iba dos semanas antes... Y ahí fue el circo.

Y es que ustedes no saben lo divertido que resulta ver a un par de latinos discutiendo con un Indio (De la india, no de acá) sobre la plata que necesita una conocida, parada en la puerta, con las maletas, y con cara de “¿qué diablos está pasando?”.

Luego de media hora de oír la discusión más fluida del mundo: “sir, but she nids de moni, don bi bad, sir” y “I’m Sorry, I Told her, I Told her,” me despedí de todos y subí al cuarto a dormir. La fiesta había terminado.

Para mi desgracia, quien me siguió hasta la habitación fue el que había llegado ese mismo día en la mañana: William (el que decía cosas como “Quiero oír musica Clásica, póngase algo de Shakespeare” o “Dele una camiseta autobiografiada”, para que se hagan una idea de quien estamos hablando).

William, tratando de hacerse al ambiente y ganar amigos intentaba hacerme la conversación con cosas como “oiga, si se duerme le echo agua” o “Rodrigo se emberracó conmigo sólo por que le di un calvazo”. No hice mucho caso y traté de conciliar el sueño a pesar de tener que coexistir con el. Hasta que salió con el comentario perla de la noche: “oiga, huele a marihuana, Usted trajo ¿cierto?”

Y aquí hago un paréntesis para dar mi apreciación sobre el tema, con el mayor respeto que me sea posible: ¿Por que demonios la gente cree que por el hecho de tener las infelices greñas largas uno es un maldito marihuanero? Que estereotipo tan estulto y tan pedorro, me cago en la cara de todos los que han asumido de entrada cuando me conocen que yo consumo algún tipo de droga sólo por mi apariencia. y les deseo de todo corazón que se pudran en el averno mientras Azazel les clava los cuernos en el disentérico orificio terminal inferior de sus asquerosos sistemas digestivos.

Luego de su insistencia inquisidora y para evitarme más “Dígame que yo no le digo a nadie”, decidí decirle “si, si traje ¿y que?”. A lo que el me da una respuesta aún peor: “Ay, ¿en serio? yo siempre he querido probarla”.

Y aún lamento haber perdido la oportunidad de corromper a alguien seis años mayor que yo, pudiéndole dar de fumar papel y convencerlo de que era cannabis, cuando los brasileños se me adelantaron, y le hicieron creer que un marlboro era un porro camuflado...

FIN (Si, malísimo ¿y que?)

1 comentarios:

Despuesledigo dijo...

En efecto, bastante malo xD