Aunque cada fiesta de quince años sea única e irrepetible, todas ellas tienen elementos comunes que las convierten en todo un espectáculo de la cursilería, y a la vez, de la sordidez adolescente...
Cuando uno ve al hermano/primo/cuñado de la homenajeada tirado en el piso de la jinchera, uno se da cuenta que ya es hora de rumbearse a una de las invitadas. Porque ¿Uno a que más va a semejante fiesta tan aburrida?.
Yo incluso he ideado un juego con el que pueden entretenerse los adolescentes que leen mi blog y que planean ir a una de estas fiestas próximamente. Se maneja la siguiente tabla de puntos y gana (obviamente) el que más puntos logre acumular
Besar a la homenajeada: 200 puntos.
Besar a mejor amiga de la homenajeada: 120 puntos.
Besar a la amiga fea de la homenajeada: 70 puntos.
Besar a la amiga zorra de la homenajeada: 30 puntos.
Besar a la Tia/Cuñada/Prima/Hermana mayor buenona de la homenajeada: Victoria automática.
Si la susodicha tiene novio, súmele otros 100 puntos, si estaba borracha, divida los puntos obtenidos por la mitad, si es su novia, no suma puntos, no sea idiota.
Bailar con la escoba y ser lambón con los papás de la homenajeada tienen penalizaciones de 100 y 50 puntos respectivamente.
Las mamás y las tías salen a relucir en el momento en el que sacan a bailar a los amigos de sus hijos o sobrinos. Poniendo en una situación algo incómoda a los insulsos jóvenes, que tienen que soportar dicha situación por al menos los ocho minutos que dure el mosaico. Que lo cogen a uno de las manos como si tuvieran una extraña enfermedad muscular que les impide asir con fuerza a su pareja, mientras empiezan una charla aburridísima que siempre incluirá palabras y frases comunes como “buen muchacho” “juicioso” “cómo está de grande” y similares.
Si creen que esta es una situación aburridora, es porque nunca se han puesto en los zapatos de las invitadas, a quienes les toca bailar con los papás y tíos barrigones de sus amigos y vecinos. Quienes, bañados en sudor, con la camisa entreabierta mostrando las vellosidades que otrora llegaron a ser sexys, se van pegando a su invitada a medida que ríen y hablan estruendosamente. Si usted, amiga lectora, se encuentra con que su parejo (¿Esa palabra existe?) la empieza a tratar de “mamita” y le dice que “cómo está de linda”, puede darse por perdida.
Esta situación se repite, no solo en otras fiestas de quince años, sino en veinticuatros de diciembre, cumpleaños, aniversarios, matrimonios y primeras comuniones. Yo agradezco que mi familia esta llena de gente que a las 10pm ya está dormida, y no tengo que aguantarme situaciones tan bochornosas tan seguido.
Ahóra si, presúmanme de sus celebraciones de navidad, que yo sé que tomándome una copa de sabajón y comiéndome unas galletas con mi familia, la paso mejor que todos ustedes en sus bacanales cuasi-incestuosos, bailando al son de Alfredo Gutierrez.
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